Cuando me enteré de que la magnífica banda murciana se iba a pasar por Zaragoza dentro de la gira de presentación de su estupendo disco "Para no ver el final", tenía el 10 de Diciembre marcado en rojo en mi calendario. Sabiendo que además actuarían en la Sala Oasis, me motivaba todavía más la cosa por el aliciente de ver a M-Clan en una sala más pequeña y con un ambiente más íntimo y cercano al público. No obstante, a posteriori viendo la evolución del embarazo de mi mujer, decidí (pese a que ella me insistía en que no me preocupara y fuera al concierto, que ella estaría bien) no comprar la entrada por si el parto se adelantaba como nos temíamos y sobre todo porque la pobre ya lo tenía muy difícil para valerse por sí sola en su vida diaria. Mira tú por donde, la noche antes del concierto, nuestros retoños vinieron al mundo.
Mi buen amigo Talibán, con quien (junto con su esposa) pretendía en principio acudir a la cita con Tarque y Ruipérez, se ofreció a actuar de "corresponsal" del blog y realizar una crónica del concierto para publicarla por aquí, gesto que realmente le agradezco, añadiendo además que es cojonuda y le ha quedado de puta madre. A ver si te decides, hombre, a currarte un blog tú también, o en su caso, a colaborar siempre que quieras con este humilde (y bastante atareado) servidor, invitación que hago extensiva a cualquiera que lo desee (a algunos de vosotros ya os lo he dicho personalmente en más de una ocasión). Sin más dilación os dejo con su reseña:
M-CLAN, UN GRUPO CLÁSICO
"La R.A.E., en una de las acepciones de la palabra clásico dice: “Dicho de un autor o de una obra: Que se tiene por modelo digno de imitación en cualquier arte o ciencia” y la verdad que esto me viene a la cabeza cuando pienso en un grupo de música llamado M-Clan.
Nos presentábamos el pasado viernes día 10 de diciembre mi mujer (ella, que no le gusta mucho ir a conciertos, aseguraba que era la única actuación que pagaría realmente gustosa) y un servidor a la Sala Oasis poco antes de la 21.30h., a la presentación en Zaragoza del magnífico último disco de M-Clan Para no ver el final.

Los murcianos no se hicieron mucho esperar y con la sala abarrotada y un ambiente abrasador, comenzaron con la atronadora (pese a que hubo un pequeño problema de sonido con las guitarras que pronto se solucionó) Calle sin luz, que sin duda es, para mí, la mejor canción del último disco, seguida sin apenas pausa, de Para no ver el final y Basta de Blues. Menudo comienzo, observándoles a poco más de tres metros, empecé a comprender que iba a presenciar uno de los mejores conciertos de mi vida y así fue.
Se supone que, a día de hoy, M-Clan, son Tarque y Ruipérez, pero la banda que les acompaña es simplemente, de quitarse el sombrero. Prisco, guitarrista con clase y solos brillantes, los nuevos fichajes Coki Jimenez e Iván González que han rejuvenecido a la banda en directo, el teclista no estuvo sentado casi en ningún momento y a los metales invitados, miembros de la banda No Reply. Todos ellos conforman, visual y musicalmente, uno de los mejores, por no decir el mejor, grupo en directo nacional.
El concierto continuó con las archiconocidas Llamando a la Tierra y Maggie despierta, seguidas de Perdido en la ciudad, momento en el que Carlos Tarque recordó que su primer bolo en la capital maña fue en La Piedra de Blarney (ojalá hubiera sido yo uno de los afortunados).
En ése instante, el repertorio se basó en Memorias de un espantapájaros con un bloque conformado por Inmigrante, Las calles están ardiendo (alargada para la ocasión y sonando mucho mejor que en el disco) y El viaje.
Turno después para la bonita Ahora y Hasta que se acostumbre la oscuridad, con un crescendo que acaba en un apoteósico final lleno de solos de guitarra, metales a todo volumen y planeando encima de todo, la prodigiosa voz del mejor cantante de rock del país.

Y sí señores y señoras, por si cabía alguna mínima duda, el maestro Tarque, demostró que, en un recinto pequeño, su garganta rasgada derrocha una escalofriante potencia y gana en matices, en su caso, una excepcional mezcla de rock, blues y soul. Es un digno heredero de colosos como Paul Rodgers, Rod Stewart o Robert Plant. Por si fuera poco, al verlo mucho más cerca, la sensación es estar frente a un grandísimo frontman, no para de bailar, bromear y jugar con el público (haciéndose una foto con una cámara de algún asistente o fumándose un cigarrillo con un mechero lanzado por alguien) en todo el show. Un lujo que por desgracia, escasea por éstos lares y que merece protegerse como si fuera una especie en extinción.
Prosiguieron con mi canción favorita de Memorias…, que es la sobrecogedora Roto por dentro, luego la coreada por todos Carolina y se “despidieron” con la festiva Hasta la vista rock and roll.
El primer bis empieza con Miedo, es el instante emotivo para sacar los mecheros (alguno hay todavía), móviles o cámaras digitales para continuar con una brutal Pasos de equilibrista, aquí demuestran otra vez lo buenos músicos que son puesto que intercalan en mitad del tema una canción mítica como es Baba O’Riley de los Who con una facilidad pasmosa y volviendo el líder del grupo a hacer gala de su voz tocada por los dioses.
Vuelta a retirarse y salen a realizar su último bis formado por Gracias por los días que vendrán (muy grande el tono casi country de la melodía), Volando alto, que es una sorpresa, puesto que la recuperan de su primer álbum y encaja perfectamente con la sección de metales que llevan en ésta gira, Tarque otra vez sobradísimo de voz y llega sin ningún esfuerzo a los tonos.
El concierto finaliza con Quédate a dormir, perfecto final para acabar una sesión de dos horas de inolvidable rock and roll y recordar a una extraordinaria banda que ha sabido evolucionar con el paso de los años de manera coherente y que posee un directo que nadie debería perderse."