
Hacia bastante tiempo que no me topaba con una buena historia de
Batman. Y engrendos como el "
Dark Knight Strikes Back" de un desquiciado y desconocido
Frank Miller y alguna que otra insustancial historia que he leído en los últimos tiempos (que ha pasado directamente al olvido), lo cierto es que habían logrado que un servidor perdiera la esperanza de encontrarse con algo decente del famoso protector de
Gotham City.
Pero fíjate tú como son las cosas, así sin previo aviso (y gracias a otro préstamo de mi amigo Roberto), me he encontrado con este "Batman: Año 100", obra del escritor-dibujante Paul Pope - artista alejado del mainstream y no habitual al género superheroico, que no había tenido el placer de conocer hasta ahora -, con el que he disfrutado bastante, pues es una más que interesante historia, que por momentos me ha recordado al Batman de los mejores tiempos, es decir, el visto en el "Año Uno" y el "Dark Knight" de Miller.
Pope sitúa la acción en el año 2039, en un futuro de tintes orwellianos, donde los agentes del gobierno controlan absolutamente todo, y en donde aparece
Batman, cual justiciero al margen de la ley, descolocando al poder establecido, que desconoce quien es este enmascarado y que sobre todo se ve incapaz para controlar y doblegar a esta especie de anarquista anti-sistema que se ve involucrado en un asesinato de un agente federal, del que es acusado injustamente.
Jugando con el aspecto detectivesco que siempre ha tenido el personaje desarrolla una trama propia de un thriller policiaco al uso muy entretenida que se lee en un suspiro, con diálogos brillantes y mucha acción (además muy bien narrada), pero además reviste a
Batman de un halo de leyenda, que por momentos nos hace dudar de si es realmente una persona, un mito o un fantasma.
Pope, nunca nos muestra la identidad de ese
Batman, no desvela quién está tras la máscara. Nadie, ni siquiera el lector, sabe quién es
Batman, sólo existen viejas historias y escasos datos en los archivos policiales que revelan que viene actuando desde 1939, pero ¿es una persona, un animal o un fantasma? ¿es el mismo
Batman desde 1939 o son distintas personas que han venido recogiendo el testigo y el legado del murciélago de
Gotham durante estos 100 años? En un mundo en el que ningún ciudadano escapa del control del estado, la identidad de este enmascarado se convierte en toda una esperanza, el último reducto de la privacidad y libre albedrío de las personas.
Aunque el dibujo de
Pope no me termina de convencer, pues su trazo es demasiado agresivo, precipitado, vísceral, sucio y en ocasiones, feo, lo cierto es que no le queda nada mal al ambiente en que se desarrolla la historia, opresivo, oscuro y fantasmagórico, y debo reconocer su gran habilidad para planificar y coregrafiar las escenas de acción - como por ejemplo la persecución que abre el tomo -, constituyendo todo un espectáculo visual. Lo que menos me ha gustado es la resolución final, algo precipitada, pero en líneas generales el cómic tiene muchas cosas que merecen la pena. Mención especial también para el trabajo del colorista
José Villarrubia, que complementa a la perfección el dibujo de
Paul Pope.
Leí en
http://www.lacarceldepapel.com/ que con éste cómic,
Paul Pope había dado toda una lección a la mayoría de los autores del
mainstream de
Marvel y
DC Comics, y no puedo sino suscribir tal afirmación. Un gran cómic.